Los hijos quieren a sus padres hasta en el último detalle. La calvita en lo alto de su cabeza. El trazo de sus cejas. La forma de sus orejas...El olor a cola, a jabón o a tierra del jardín. Cada uno lo ha aprendido de corazón y lo conserva en la memoria.
Todo el mundo sabe de memoria los chistes de papá. Por eso son tan especiales.
Los papás cometen errores fabulosos, colosales, gigantescos. Desde hace millones de años. ¡Pero no te preocupes, papá...muchas veces la culpa fue nuestra!
Gracias, papá, por todos los buenos recuerdos.

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